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La Marina de Guerra construirá obras de ingeniería
y Banreservas aportará los recursos

Islas Beata y Alto Velo
al amparo de un convenio

La iniciativa permitirá doblar la vigilancia del área para así proteger
las especies en peligro de extinción, comolas tortugas Verde y Carey,
cuya depredación fue denunciada en un reportaje de El Caribe


beatais.jpg (11487 bytes)  Las islas Beata y Alto Velo, dueñas de ecosistemas exclusivos poco alterados y de frágiles especies de flora y fauna terrestres y marinas, son el centro de un convenio de colaboración entre la Marina de Guerra y el Banco de Reservas de la República Dominicana.
Gracias al acuerdo se levantarán infraestructuras físicas que permitirán no sólo la permanencia de un mayor número de vigilantes, sino la recepción de investigadores y científicos que podrán elaborar programas de sostenibilidad para que los pescadores que habitan el área puedan utilizar los recursos sin afectar el ambiente.
Además, contempla la rehabilitación de las instalaciones militares levantadas en la playa Punta Beata en 1977 para la vigilancia y patrullaje de las islas, garantizando así que especies en peligro de extinción, como las diferentes familias de tortugas que anidan en el lugar, no sean atacadas en busca de su carne y su caparazón para la comercialización.
Quiterio Cedeño, director de información de la institución bancaria, dijo a El Caribe que en la primera etapa la inversión alcanzará un monto de 400 mil pesos, el Banco aporta los materiales y la Marina la mano de obra y la ingeniería, la inversión es para poner en condiciones las instalaciones y lograr un mayor control de las supervisiones.
Detalló que los trabajos de acondicionamiento se inician la semana próxima para ser entregados durante el mes de abril, que es cuando se celebra el aniversario de la Marina de Guerra.

Un hábitat envidiable
La ancha plataforma submarina, poco profunda, que une a la isleta con el litoral insular nos indica que la costa, desde Cabo Falso al Cabo Beata es de sumersión. La Beata tiene unos 42 kilómetros cuadrados de superficie, descrita como un trapezoide de forma truncada de 9,8 kilómetros de longitud por 6,6 de ancho.
La Beata, un antiguo asentamiento indígena taíno, enclavada en el litoral suroeste del Parque Jaragua, frente a Trudille y Piticabo en la costa oriental, no sólo posee especies exclusivas para esa isla de flora y fauna, además ser un sitio de reproducción natural de iguanas y de anidamiento de un gran porcentaje de las tortugas marinas de el Caribe.
El lapislázuli profundo del mar, que contrasta con las aguas claras del Canal de la Beata, se interrumpe cuando el horizonte deja ver el litoral entrecortado de las islas. Aparecen acantilados de hasta 20 metros de altura, se ven rompientes, zonas de inundación y playas intercaladas de arenas blancas.
En la costa noroeste de la “islita”, cerca de Punta Beata, está el destacamento de la Marina de Guerra Dominicana, con un fondeadero construido hace más de 20 años, próximo al sitio donde se registra el mayor número de anidamiento de iguanas rinocerontes (Cyclura cornuta) y de tortugas marinas.
En la orilla de la playa se ven, además de las iguanas, los restos de conchas de lambí y de corales, gastados por el continuo vaivén de las corrientes que se generan en el Canal Beata y que separan a la isleta de la costa con unos 6 kilómetros de aguas transparentes.
Desde el guardacostas G-1001 M de G, se ve, por la claridad de las aguas y los bajos fondos (no sobrepasan las 6 brazas), que el canal está alfombrado con una sucesión de fondos arenosos y rocosos, donde se pueden observar praderas marinas sembradas de Thalassias que se intercalan con parches arrecifales constituidos de coral.

Comunidad de pescadores
En el litoral costero se asienta una comunidad de pescadores que utilizan diferentes artes de pesca para incursionar en las aguas del Canal. La pesca oscila desde un quintal, los días buenos y desciende hasta diez o quince libras, los malos. Manuel de Jesús Alburquerque, con más de 30 años pescando en el parque, dijo que se dedicaba a la pesca de la colirrubia y el carite y explicó que existen más de doscientos pescadores en la zona y un grupo de ellos viven en el lugar durante la temporada de pesca, que puede alcanzar los tres meses.

Ramón Narpier/El Caribe/5 de abril, 2002.

La venta de carteras, collares, anillos,
pulseras y peines de concha de carey será regulada

Protección para las tortugas,
una preocupación compartida

Las tortugas ocupan un lugar muy especial en la lista de especies protegidas de todos los convenios de biodiversidad. República Dominicana ha sido agraciada con la presencia de ellas, pero no así con la conciencia suficiente de toda la población para protegerlas. El Caribe y CDN, acompañados por un equipo de destacados científicos, fueron testigos del horrendo espectáculo que ofrecían caparazones de tortugas verdes recién sacrificadas tiradas en la arena. Evidencia de una agresión que aún persiste.
La preocupación del equipo de El Caribe y CDN, encabezados por el director del Museo de Historia Natural, Fernando Luna Calderón, y el historiador Bernardo Vega, titular de este diario, es compartida por la Subsecretaría de Recursos Costero-Marinos, que dirige Cecilio Díaz Carela, quién asegura que, además de vigilancia permanente en la zona de Beata y Alto Velo, la situación amerita iniciar una profunda campaña educativa de concientización de los pescadores y las personas que visitan el lugar.
Lamenta que aunque las tortugas están protegidas a nivel mundial en el país persista el comercio a costa de su concha, en el caso de la especie carey, o su sacrificio con el único objetivo de alimentación.
“La preocupación de Bernardo Vega es válida, pero es un asunto de vigilancia permanente. Hacen falta inspectores y vigilantes apostados en las playas para que protejan a las tortugas, especialmente a las hembras que son las que por lo regular son capturadas cuando van a poner sus huevos”, agrega el biólogo Renato Rímoli, director de Vida Silvestre y Biodiversidad, sobre las denuncias al respecto hechas por el historiador en su artículo “La isla de Alto Velo –En la Galápagos dominicana, la fauna peligra- Matan careyes y tortugas –en el Parque Nacional Jaragua”, publicado por El Caribe.
Aseguró que mientras persista la venta de productos derivados de la concha de la tortuga carey, como los peines, cofres y pulseras, ésta especie, de manera particular, va a tener mucha presión.

Iniciativa
Como iniciativa para proteger estas especies el funcionario explicó que en Recursos Costero-Marinos se trabaja en un inventario de todos los negocios que comercializan con concha de tortugas, especialmente carey, para que así sólo puedan ofertar la mercancia que hasta en ese momento tengan en existencia.
Además, confía en la aplicación del decreto 752-01, que establece en su artículo uno la prohibición, durante un período de 10 años, de la captura, muerte, recolección de huevos y la comercialización de las especies de tortugas verde (Chelonia Mydas), carey (Eretmochelys Imbricata), Caguamo (Caretta Caretta) y Tinglar (Dermochelydae.

Estudio
Otra evidencia de la agresión a las tortugas carey fueron los resultados del estudio preliminar del “tráfico y la comercialización”, que presentaron las expertas Antonia Marte, Ercida Ferreiras y Pablo Vanderhorst, en el IV Congreso de Biodiversidad Caribeña, auspiciado por la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
De 305 tiendas de souvenir visitadas, el 29% ofertaba productos elaborados con carey. Los artículos más solicitados fueron: collares, carteras, pulseras y anillos. Los compradores más asiduos son españoles, italianos y puertorriqueños.

Martha Ortiz

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