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Los pueblos fantasmas en la zona fronteriza

LA DECADENCIA DE LA AGRICULTURA ES LA CAUSA FUNDAMENTAL DE LA EMIGRACION
RIAMNY MENDEZ / Fuente: Listin Diario,13 de enero, 2002.
MENCIA, PEDERNALES.-
El plan del banco de leche que entrega el alimento a algunos niños pobres es una ayuda para los residentes en Mencía y La Altagracia

Aquí todavía viven algunas personas. Caminan y miran las casas vacías de los vecinos que se cansaron de esperar a que volviera la prosperidad de otros tiempos. Se fueron a probar suerte a Pedernales, Higüey o Santo Domingo. Los que quedan también quieren irse. Algunos lo harán el próximo mes y otros el año que viene. Su esperanza era negra y se la comieron la broca y el descuido: ya no hay café, ni agua, y poco a poco se van los amigos.
El agricultor Antonio Díaz no está preocupado porque el encargado del centro del Instituto Agrario Dominicano (IAD) no va a vigilar las tierras. A qué va a venir, se pregunta a sí mismo en voz alta, con una sonrisa. La mujer de Antonio se marchó con sus seis hijos hacia la Capital. No la culpa. Tampoco para él es fácil sobrevivir aquí. Su esperanza es que cuando decida vender su casa, un señor conocido en el pueblo con el nombre de ‘‘compra to’ ’’ todavía tenga ánimos de adquirirla y entregarle 7 u 8 mil pesos, como ha pasado con las 50 familias que se marcharon. En el pueblo había cerca de 100 hogares.
Adolfina Nin, la médica de Mencía, La Altagracia y otras comunidades vive aquí desde hace once años. Cuando llegó desde San Pedro de Macorís, con su entusiasmo de médica recién graduada, ésta era una colonia próspera que se alegraba con cada cosecha de café, y la carretera parecía un río rojo cuando la gente ponía a secar los granos, pero de eso no queda nada. Según dicen los hombres del pueblo, hace años que no se rehabilitan los cafetales, y paulatinamente se han dejado de sembrar la habichuela y el maíz.
Cuando empezó la bancarrota, hace nueve años, y emigraron las primeras familias, Adolfina fue de las primeras en promover la esperanza, a través de su apostolado como catequista, pero, pasaron los años, y todo ha ido de mal en peor. Ahora, la doctora también quiere marcharse. Aquí nisiquiera hay un cura de forma permanente. Cada quince días va un sacerdote a celebrar una misa. Piensa en su hija que juega con una muñeca, frente a ella.
Está en sexto curso, y en la escuela hay pocos niños, atendidos por dos maestras y una directora. Después de octavo grado quedan pocas alternativas: no estudiar o hacerlo en Pedernales que queda a 40 kilómetros. Sabe que hacer un centro de educación secundaria en este lugar no tiene sentido, porque nadie asistiría.
El marido de Adolfina, Andrés Jiménez, hijo de inmigrantes francomacorisanos que llegaron enamorados del espejismo de la prosperidad de las colonias, (Las Mercedes, Mencía y La Altagracia) tampoco quiere vivir en el poblado. No se ha marchado porque no le gustaría dejar solo a su papá, quien sigue apegado a sus cerdos, aunque la venta ya no le dejan grandes ganancias. Si de él dependiera, se llevara a su familia y a su viejo lejos de este lugar, donde ni siquiera se escucha una radio encendida. Sus hermanos ya se fueron. Doña Marcela es otra que está a punto de hacer sus maletas. Hace 20 años su compañero la llevó a Mencía, y aunque nunca le fue demasiado bien, se quedó enamorado de estas tierras cuando en los años 70 el gobierno de Joaquín Balaguer construyó viviendas para los campesinos y les entregaron tierras. Mirando hacia atrás, doña Marcela saca como conclusión que siempre les fue mal aquí. Le quedan en este lugar pocas cosas de valor: una casita que, aunque en buenas condiciones, no cuesta más de 7 u 8 mil pesos, algunos buenos recuerdos de su vida de casada que se esfumó cuando su compañero decidió buscar una nueva mujer, y la nostalgia por los vecinos que se han marchado. Ella se va para Pedernales, donde están sus hijos desde hace algunos años.

La Altagracia

En este pueblo la prosperidad duró más tiempo que en Mencía. Apenas hace dos años que empezó la huída masiva de familias: 10 casas permanecen cerradas. ‘‘Compra To’ ’’ ha adquirido al menos tres de ellas, segun cuentan en el pueblo. ‘‘Para tenerlas cerradas’’ dicen muchos. En medio de la desgracia, la historia de este personaje que de vez en cuando visita las colonias se ha convertido en una broma.
Los dirigentes de la asociación de caficultores de La Altagracia explican que la pobreza del pueblo ha llegado porque sembrar café ya no es un buen negocio. La habichuela se ha convertido en una alternativa, y ahora se está vendiendo a buen precio, pero casi nadie tiene granos disponible no es temporada de habichuelas, dice un viejecito con tristeza.
Buscando mejor suerte, Los Peña se fueron para Neiba a cultivar otras tierras. Los Ledesma también se marcharon. Ahora están en Pedernales. Una joven parada frente a su casa dice que La Altagracia se va a quedar vacía.
En la colonia vecina otros están pensando en lo mismo. Don Atilano Cuevas, un viejo agricultor, y la doctora profetizan que Mencía se convertirá en un pueblo fantasma, y que sólo las casas, la escuela y el centro de salud vacíos hablarán de su historia.

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