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LIGIA MINAYA

El Hoyo de Pelempito de la Sierra de Bahoruco fue siempre un sitio misterios para las pocas personas que oyeron hablar de él.
Algunos lo habían visto pero no sabían describirlo. Otros decían haber bajado a su fondo pero no podían explicar por dónde, y muy pocos habían escuchado su nombre.
Termina ese misterio. Con la inauguración del Centro de Visitantes de este singular monumento natural todo el que quiera podrá contemplarlo en su majestuosa belleza y podrá decir que ha visto un lugar en la isla de Santo Domingo que nunca había imaginado que existía. La historia del Centro de Visitantes comienza en 1979, cuando un grupo de amigos, junto al Dr. Frank Moya Pons actual, Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, organizaron un viaje por mar a la Isla Beata que debía iniciarse abordando un pequeño barco en el muelle de Cabo Rojo. El barco tuvo problemas y no pudo transportarlos, y los excursionistas tuvieron que pasar tres días en la zona esperando que los vehículos regresaran de Santo domingo a recogerlos pues los habían despachado contando con embarque seguro. Para aprovechar el tiempo, uno de los miembros, el Profesor Eugenio de Jesús Marcano, sugirió que subieran por la carretera del Aceitillar hacia las minas de bauxita de la Alcoa Exploration Company. Allí, a más de 1,500 metros de altura, había unas profundas gargantas de piedra que albergaban una ecología única con especie animales y vegetales nuevas para la ciencia que esperaban ser descubiertas.
Los administradores de la mina les facilitaron un enorme camión que los llevó a la cima de la montaña, y poco tiempo después estaban descendiendo por una cañada tupida con un bosque completamente virgen. Después de haber recolectado numerosos especímenes, regresaron al campamento en Cabo Rojo, y el Profesor Marcano empezó a contarles de sus experiencias en esa montaña que tenía un hoyo misterioso que parecía haber sido excavado por alguna fuerza telúrica de proporciones inimaginables. Mientras escuchaban con fascinación esas descripciones, acordaron conocer el sitio. Cuando mencionaban el Pelempito, nadie sabía de qué estaban hablando, pero en el curso de los dos años siguientes lograron reunir varias piezas de información que los dirigieron al poblado de Polo, en donde les dijeron que algunos monteros y ‘‘prácticos’’ que sabían cómo llegar al hoyo.
En esas indagaciones estuvieron casi dos años hasta que, en 1981, organizaron una expedición que los llevó a Polo, donde durmieron, y desde donde salieron muy de madrugada con una recua de mulos y varios guías.
Internados en la espesa selva buscaron un lugar para dormir y al otro día continuaron su camino por entre rocas de coral que habían emergido del océano más de sesenta millones de años atrás, en cuyas hendiduras y factura había crecido una vegetación distinta a las de otras partes de la isla. A mediados del segundo día divisaron una depresión en la montaña y un alto borde que sugería la existencia de una intensa fosa. Llegaron en la tarde de ese día al borde oriental del Hoyo de Pelempito y quedaron deslumbrados.
No podían creer lo que habían visto, y no podían bajar al hoyo pues el borde a donde llegaron caía verticalmente y, peor aún, se habían quedado sin agua. El mulo de uno de los guías se accidentó tirando al suelo al jinete y tuvieron que dedicarse a curar al herido, por lo cual tuvieron que suspender el viaje. Nunca volvieron, a pesar de que Frank se pasó los veinte años siguientes tratando de convencer a otros amigos de que alquilaran un helicóptero para visitar el sitio. En las ocasiones en que tuvo la ocasión de ir al lugar en helicóptero la nubosidad no le permitió acercarse, y siempre se quedó con el sueño de volver a encontrar el sitio en donde alguien pudiera construir un mirador o un centro de visitantes. Finalmente, el 17 de febrero de 2001, pudo regresar en compañía de varios funcionarios de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, que preside. Aterrizaron en una de las terrazas del lado oriental, muy cerca de donde se había interrumpido el viaje en 1981. Caminaron un buen rato admirando la zona y estudiando la vegetación y, luego, sobrevolaron ampliamente el hoyo y sus bordes, y escogieron un lugar para construir un mirador. Impactado por la esplendidez del lugar, regresó a Santo Domingo convencido de que este fenómeno de la naturaleza tenía que ser valorizado y protegido antes de que los quemadores de bosques llegaran a sus orillas.
Este singular fenómeno natural es el resultado de varias fallas geológicas y hundimiento de un inmenso banco de coral emergido del océano. El hoyo tiene una forma triangular de 2.5 kilómetros de ancho por 7 de largo. El fondo del hoyo se encuentra a 348 metros sobre el nivel del mar, en tanto que los bordes más altos de las montañas circundantes sobrepasan los 1,800 metros de altura, lo que indica una depresión de más de 1,500 metros de profundidad. El hoyo tiene una superficie de 10.28 kilómetros cuadrados, mientras la cuenca tiene un área total de 177 kilómetros cuadrados.
El Centro de Visitantes está ubicado en uno de los bordes intermedios a una altura de 1165 metros (más alto que Constanza), siendo la distancia vertical desde este punto al fondo del hoyo de más de 700 metros. Por eso, la vegetación luce tan uniforme a simple vista pues lo que el visitante pudiera creer que es una pradera de hierba es en realidad un bosque de árboles muy denso. Las temperaturas oscilan entre 25 grados centígrados, al medio día, y cero grado durante la noche, según las estaciones. La flora de la sierra es distinta de la flora del fondo del Hoyo de Pelempito. Por las tardes, entre 5 p.m. y las 7 p. m., numerosas cotorras vienen a dormir en los riscos que están debajo del Centro de Visitantes. Contemplar el Hoyo de Pelempito a estas horas resulta una experiencia particularmente agradable y educativa. La temperatura cae rápidamente y la intensa brisa del día desciende junto con el sol.
Las reglas de uso de este lugar prohíben la cacería, el alcohol, los ruidos innecesarios, la música, el baile, el fumar, las fogatas y la circulación fuera de los senderos.
El edificio y los senderos de este centro han sido construidos teniendo en cuenta estas circunstancias en mente pues se ha concebido este lugar como un santuario para gozar de la naturaleza en silencio interior, un sitio para la contemplación y reflexión, un lugar de comunión con la grandiosa obra de Dios, Nuestro Señor.
(Discurso del Dr. Frank Moya Pons, Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales en la inauguración del Centro de Visitantes del Hoyo de Pelempito del parque Nacional Sierra de Bahoruco. Adaptación de Ligia Minaya Belliard para ULTIMA HORA).

 

 

 

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